-Aun me acuerdo de cuando te conocí.
-Solo eramos niños.
-Sí, y estabamos en esa plaza, solos como si no lo estuviesemos. Todo normal. Un día de verano,creo, soleado seguro.
- Todo normal pero bien pudo ser una noche de invierno a la vez que aquel día de verano.
- Bien pudo ser. Yo ya no me acuerdo.
- Tu estabas dibujando, en aquel banco de piedra, a la sobra de árbol.
-Y aun así se colaban gotitas de luz entre las ramas y llegaban a mi cuaderno.
- ¿Qué dibujabas?
- No me acuerdo, ¿Tú tampoco? ¡Tú estabas en el árbol, espiándome! ¡Tendrías acordarte!
-¿Espiándote?
- No te atrevas a negarlo, se que estabas colgado, tumbado, mirandome.
-Miraba tu cuaderno. Y no muy bien, por cierto. Tenías la manía de agacharte sobre lo que dibujas, como si te fueras a comer el papel.
- La sigo teniendo. - Ella sonríe.- Me di cuenta de que estabas allí y te dije que porque no bajabas a verlo mejor.
- Como si nada.
- Como si nada, y eso que la verdad es que me sentía, no se, como con algo por dentro. Nerviosa.
- Y bajé.
- Menudo susto.
- No lo entiendo, ¡si tú me lo pediste!
-¡Ya! ¡Pero no me esperaba que me hicieses caso; por eso estaba nerviosa!
-Y ahi fue cuando nos conocimos.
- Un niño con el pelo alborotado, flacucho y desgarbado.
-Y una niña que siempre se quiso hacer la lista y con una sonrisa que iluminaba planetas.
- Que tiempos... Espera, ¿Has dicho que me hacía la lista?
- Bah, déjalo, me gustabas igual. Eran días de sol.
- Eran. noches. Noches de sol.
No hay comentarios:
Publicar un comentario