jueves, 27 de diciembre de 2012

Luz de mantequilla (3)

- Fueron tantas noches las que te arrastré a la cama...
- Juraría que ya no estoy adolescente; pero eso ha sonado Horriblemente Pervertido.
- Vaya hombre, perdóneseme señorita.
- Te entiendo. -Ella miró por la ventana con una sonrisa nostalgica.- Solo eramos niños... Me acuerdo tanto de nuestra plaza... La luz, esa luz era tan calida, casi parecia que los objetos se desvanecieran como mantequilla que se derrite.
- Para dartelas de escritora no haces muy buenas metaforas ¿Sabes?
- Para darmelas de escritora a los diez años, al menos sabía lo que era una metáfora ¿Sabes? ¡No puedo cambiar lo que pensé entonces!
Él mira haía otro lado pero sigue con la sonrisita en los ojos, ella sabe que le restregará lo de la mantequilla por mucho tiempo...
- Pues parte de la culpa de que me haya quedado así es tuya, que lo sepas.
- ¡Encima! Lo que hay que oir.
- Tanto saltar de los árboles, ¡o peor! ¡Desde los balcones! Claramente eras una mala influencia.
- ¡Pero si yo siempre te cogía!
- Sí, sí, ya, ya, pero eso no impedía que nos comiesemos el suelo.
- Mujer...
- ¡Tirillas! Que siempre has sido un tirillas.
Él se ríe tranquilo.
- ¡Vamos no empieces! Soy fibroso, no tirillas. Crecí más en altura que musculatura, que le vamos a hacer. - levanta la vista y mira a Ella con una media sonrisa pícara. -De todas formas eso nunca pareció importarte.
Ella se siente transportada a su niñez, a sus viejos latidos, y su cara se cubre con un tenúe rubor.
- Casi te puedo ver, ahora mismo, pidiendome desde la plaza que salte desde mi balcón.
-Solo era un primer piso.
-Contigo siempre fue una caída al vacio.
Él encendió un cigarro.
- Como te gusta el dramatismo.
- Soy una pastelona sin remedio.

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